National Endowment for the Arts - The Big Read
The Call of the Wild

The Call of the Wild

by Jack London

No man ever became great who did not achieve the impossible.


Jack London (1876-1916)

Las aventuras contadas en la ficción de Jack London apenas superan las de su vida real. John Griffith Chaney, el hombre que conocemos como Jack London, nació el 12 de enero de 1876 en San Francisco, California, hijo de una madre soltera, Flora Wellman. Cuando Flora se negó a abortar, el posible padre (William H. Chaney) la abandonó. Su depresión fue tan grave que intentó suicidarse dos veces en dos días. Ocho meses después, Flora se casó con John London, un viudo con dos hijas. John London dio a su hijo adoptivo su apellido y su amor, y Jack pasó su niñez temprana en los ranchos de California.

Después de que la familia se mudara a Oakland cuando London tenía nueve años, Flora esperaba que su hijo contribuyera a los ingresos familiares. Su educación formal terminó después de la escuela primaria y comenzó su carrera entre los pobres de la clase trabajadora. Durante su adolescencia, algunos de sus trabajos fueron repartidor de periódicos, obrero de fábrica, pirata de ostras, cazador de focas, fogonero y marinero en Japón. En 1894, mientras vagabundeaba por Estados Unidos y Canadá, London fue encarcelado por vagancia en una horrorosa penitenciaría de Nueva York, una experiencia que contribuyó a que se hiciera socialista.

Estos acontecimientos también alimentaron su deseo de estudiar, así que a los diecinueve años se inscribió como estudiante de primer año en la escuela secundaria de Oakland, al mismo tiempo que trabajaba allí como conserje. Después de un año, dejó la escuela y con frecuencia estudiaba quince horas al día él solo (con la ayuda de los bibliotecarios de la biblioteca pública de Oakland) para prepararse para los exámenes de ingreso a la Universidad de California, en su campus de Berkeley. Finalmente lo aceptaron, pero, una vez más, la pobreza de su familia se convirtió en una responsabilidad demasiado grande. Abandonó Berkeley después de un semestre, intentó ganar dinero escribiendo y trabajó en una lavandería de vapor.

Cuando su cuñado le pidió que se le uniera en la fiebre del oro del Klondike en 1897, Jack London rápidamente aceptó. Aunque nunca encontraron oro, London encontró riqueza literaria en 1899 vendiendo a revistas historias basadas en sus experiencias en Alaska y Canadá. Su gran oportunidad llegó en 1900 cuando la casa editorial Houghton Mifflin aceptó publicar una colección de sus cuentos del Klondike, The Son of the Wolf (El hijo del lobo).

Entre 1900 y 1905 London se casó con Bess Maddern, tuvo dos hijas, escribió y publicó El llamado de la selva (1903) y The Sea-Wolf (El lobo de mar) (1904) y viajó a Japón y Corea para informar sobre la guerra rusojaponesa. Cuando regresó de Corea, se divorció de Bess, compró su adorado rancho en Glen Ellen, en el valle de Sonoma, y se casó con una mujer a la que amaba, Charmian Kittredge.

Hombre de abundante energía y entusiasmo por la vida, escribió más de doscientos cuentos cortos, veinte novelas, cuatrocientas obras de no ficción y tres obras de teatro en menos de veinte años. A pesar de sus viajes por todo el mundo y sus diversos intereses, mantenía un horario riguroso y disciplinado para escribir: mil palabras (a mano) todas las mañanas. Una vez dijo esto sobre el acto de escribir: “Las tres grandes cosas son: buena salud, trabajo y una filosofía de vida. Y puedo añadir, bueno, debo añadir, una cuarta: la sinceridad. Sin ésta, las otras tres no sirven de nada. Con ella puedes aspirar a la grandeza y sentarte entre los gigantes”. A pesar de su temprana muerte a los cuarenta años, Jack London mantiene su merecido asiento entre los gigantes de la literatura estadounidense.

"Cuando decidí que como escritor era un fracaso, me di por vencido y salí hacia el Klondike en busca de oro. Y en el Klondike es donde me encontré a mí mismo. Allí nadie habla. Todo el mundo piensa. Adoptas tu propia perspectiva. Yo adopté la mía".
—Jack London tomado de "Eight Factors of Literary Success," 1917

Una entrevista con Sara S. Hodson

El 28 de agosto de 2007 Adam Kampe del National Endowment for the Arts entrevistó a la experta en Jack London Sara S. Hodson, curadora de los manuscritos literarios de la biblioteca Huntington en San Marino, California. A continuación se incluye un fragmento de su conversación.

Adam Kampe: ¿Qué edad tenía Jack London cuando empezó a escribir?

Sara Hodson: Empezó a escribir cuando era adolescente. Enviaba sus historias a revistas y editoriales, y todas regresaban rechazadas. Clavaba todas las cartas en un huso alto que tenía en su cuarto de escritura, al lado de su máquina de escribir alquilada. En poco tiempo, gracias a la cantidad de cartas de rechazo, el huso medía cuatro pies de altura. ¡Pero nunca se rindió! London tenía un deseo ardiente de explotar su potencial como escritor. Sentía que simplemente era cuestión de conseguir la primera venta, de vender la primera historia.

AK: London era un ávido lector. ¿Es cierto que se llevó Paradise Lost (El paraíso perdido) y Origin of the Species (El origen de las especies) al Klondike?

SH: Así es. El hecho de que se llevara a Milton y a Darwin le indica cuánto significaban para él, que esos libros le apoyarían durante las dificultades y el aislamiento. Todos los mineros tenían que llevar mil libras de suministros (sobre todo comida, por supuesto), requisito del gobierno canadiense, para no tener más muertos de los que ya serían inevitables. Como vio todos los animales muertos, London acarreó sus propios suministros en varios viajes hasta el paso Chilkoot. Estaba allí en el verano y le tomó diez viajes llevar su equipo y suministros hasta lo alto del paso.

AK: ¿Qué le llevó a abandonar California y dirigirse al Yukón?

SH: Necesitaba dinero y oyó las noticias de los hallazgos de oro en el Klondike. Creo que también le motivó el momento histórico de aventura y entusiasmo. En realidad, no encontró oro, pero verdaderamente se hizo rico con pepitas de oro en forma de historias que oyó relatar a otros mineros en el Klondike. Ésta era la clase de relatos fuertes, conmovedores, aventureros por los que sentía atracción. Se dio cuenta de que ahí era donde se encontraba el futuro de sus escritos.

AK: ¿Qué influencia tuvo ese año en la escritura de El llamado de la selva?

SH: Ese año fue una enorme influencia para El llamado de la selva. London vio grupos de perros de trineo en el Klondike. Vio cómo se comportaban. Vio cómo sus dueños los trataban y maltrataban. Vio lo más duro y elemental de la vida, situaciones en las que cometer el más mínimo error podía significar perder la vida.

AK: ¿Hay paralelos entre Jack London y su protagonista canino, Buck?

SH: London se parece mucho al perro Buck en el hecho de que era un luchador. Luchaba por lo que sabía que era lo correcto, y nunca se conformó con menos. Buck comienza en un ambiente protegido y, después, es arrojado repentina, ruda y brutalmente a un mundo en el que todos los días tiene que pelear para sobrevivir. Si no aprende las leyes, no podrá sobrevivir. Aprende de qué perros se puede fiar.

Así era Jack London cuando llegó al Klondike. No conocía esa vida. Aprendió qué hombres le enseñarían lo que necesitaba para sobrevivir, la manera correcta de comportarse con otras personas y con los animales. John Thornton también es muy similar a Jack London. Es un hombre con compasión que puede tratar a los hombres y a los animales de manera justa. London tenía su propia manera de dirigirse a la gente, que siempre era justa, generosa y amable.

AK: ¿Por qué aún se considera a El llamado de la selva un clásico mundial?

SH: El llamado de la selva es un libro atemporal en la medida que su lectura es apropiada, útil y deleitable para cualquier persona de cualquier edad en cualquier momento. Es un libro sobre la supervivencia, y éste es un asunto que concierne a todo el mundo, independientemente de que tratemos de sobrevivir un día en la oficina, un duro día de trabajo físico, una mala relación, o el Klondike sin fuego ni comida. Una historia de supervivencia nos llega a todos porque nos hace mirar hacia nuestro interior. ¿Tendría yo lo que hace falta tener para sobrevivir en ese tipo de ambiente? ¿Qué me pasaría? Le deja a uno imaginarse en esa circunstancia.

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