National Endowment for the Arts - The Big Read
The Stories and Poems of Edgar Allan Poe

The Stories and Poems of Edgar Allan Poe

by Edgar Allan Poe

I would give the world to embody one half the ideas afloat in my imagination.


Pocos escritores han sido pioneros de tantas formas de escapismo como Edgar Allan Poe, y aún menos han buscado escaparse ellos mismos de manera tan desesperada. La claustrofóbica vida de Poe consistió en una sucesión de intentos de fuga, la mayoría de ellos sin éxito. Una y otra vez huyó de la pobreza trabajando en exceso, pero nunca lo logró por mucho tiempo. Huyó de la soledad con su matrimonio, probablemente casto, repleto de amor y mala fortuna, con una frágil prima. La bebida ofrecía un olvido que constantemente le atraía, con consecuencias cada vez más destructivas.

El escape más satisfactorio de Poe fueron sus escritos, en los que generaciones de lectores le han seguido desde entonces. Su enorme versatilidad sigue siendo asombrosa. Sin Poe, los géneros literarios de terror, aventura, policial, y ciencia ficción —y hasta el género mismo del cuento— se habrían desarrollado de manera muy diferente. Además de practicar varios tipos de ficción, Poe escribió uno de los poemas más famosos de la literatura estadounidense. Ejerció la crítica literaria como arte, deporte violento y con un puñado de poetisas, como la manera más fina de flirtear. Si en el siglo XIX hubiera existido el cine, probablemente habría escrito guiones y habría atormentado a sus productores tal como lo hizo con la mayoría de los editores para los que trabajó.

Al mismo tiempo, otro aspecto de su personalidad seguía siendo implacablemente lógico. Tanto en su crítica literaria como en sus historias de detectives, Poe era capaz de presentar una hipótesis y de probarla con precisión matemática. Los estudios sobre su obra suelen también pasar por alto su sentido del humor. Aunque sus víctimas seguramente no habrían estado de acuerdo, sus elaborados engaños, sus ensayos y muy particularmente sus negativas reseñas críticas conservan aún hoy todo su ingenio. Incluso la más macabra de las historias de Poe nos provoca una cierta risilla morbosa.

La influencia de Poe es tan universal que casi pasa inadvertida. No se parece a casi ninguno de quienes lo precedieron pero casi todos los escritores que vinieron después se le parecen en parte. Si Edgar Allan Poe no hubiera existido y no hubiera convertido a la literatura estadounidense en un lugar seguro para los fantasmas, los asesinos, los sabelotodo que resuelven crímenes y sus presas —en síntesis, para el subconsciente, con toda su oscuridad y locura—, tal vez algún otro escritor lo habría hecho. Pero, para usar una de sus famosas frases de cierre en itálica: ¿y si nadie lo hubiera hecho?

La ficción de Poe

Toda la obra de Poe está atravesada por una corriente de interioridad, una obsesión con los rincones oscuros del subconsciente, conocido en aquel entonces quizás sólo por el Frankenstein de Mary Shelley (1818). Poe supo también sacar provecho de todos los recursos a disposición de los escritores, tales como puntos de exclamación, guiones dobles, itálica, repetición, mayúsculas en las primeras letras y a veces de toda la palabra, para acentuar el sentido de urgencia de sus historias góticas. Si los acordes melodramáticos de un órgano pudieran hablar, sonarían como el narrador de una historia de Poe.

Pocos estudiosos de Poe pueden resistir la tentación de agrupar sus historias en subgrupos, como equipos. Algunos dirían que hay un equipo claustrofóbico, capitaneado por “The Cask of Amontillado” (“El barril de Amontillado”), en el que el narrador empareda a su amigo en una bodega. Después está el equipo de mujeres idealizadas, encabezado por “Ligeia” y “The Fall of the House of Usher” (“La caída de la Casa Usher”), con personajes femeninos condenados a la fatalidad, imposiblemente perfectos, o ambas cosas. Después está el equipo de detectives menores, que consta principalmente de “The Murders in the Rue Morgue” (“Los crímenes de la calle Morgue”) y sus dos continuaciones, en las que Poe esencialmente inventó el relato detectivesco.

Lo que todas estas categorías tienen en común es la autodramatización de la soledad del genio. Poe casi siempre utiliza un narrador en primera persona. En última instancia, todas sus historias son historias sobre claustrofobia, independientemente de si incluyen un espacio literariamente confinado, una casa más amplia pero sin aire y solitaria, o la prisión psicológica de la mente dañada de un personaje. El tratamiento de Poe de los personajes femeninos refleja su esencial soledad. Muchos de sus narradores se casan, pero ninguno consigue una conexión duradera con su desposada. Incluso su personaje más satisfecho consigo mismo, el detective aficionado C. Auguste Dupin, sólo tiene un amigo y ningún compañero. No vemos el sufrimiento que esto provoca, pero sólo el personaje más superficial no lo sentiría.

Ningún escritor serio en la actualidad podría salir impune después de exponer toda esta ansiedad. Sin embargo, unos pocos escritores pueden escapar completamente de la atracción gravitacional de Poe como uno de los maestros originales del cuento estadounidense. El otro sería Nathaniel Hawthorne, quien, curiosamente, también escribió más de unas cuantas historias de terror. Como muchos escritores novatos, la ficción estadounidense propiamente dicha comenzó con una fascinación por los fantasmas y lo sangriento.

La poesía de Poe

Edgar Allan Poe comenzó su carrera literaria como poeta, fue un crítico implacable y alcanzó la cumbre de su fama con “El cuervo”. Poe definió la poesía como “la rítmica creación de belleza”. Tenía ideas muy bien definidas acerca de lo que podía ser calificado como “poesía” y lo que no.

Aunque Poe elaboró su concepción poética en una serie de ensayos —entre los cuales se destaca “The Poetic Principle”—, sus ideas básicas se mantuvieron bastante estables a lo largo del tiempo. En “The Philosophy of Composition”, detalló el proceso de escritura de “El cuervo”. Algunos críticos han señalado que Poe idealizó ese proceso y que muchas de las afirmaciones que hace en ese ensayo son probablemente falsas; lo que está fuera de discusión es la filosofía poética que allí formula: “La belleza es la única provincia legítima del poema… La melancolía por tanto es el más legítimo de todos los tonos poéticos… La muerte de una mujer bella es sin duda el tema más poético del mundo, y es igualmente indudable que los labios más apropiados para ese tema son los de un amante desolado”.

La muerte de una mujer hermosa es de hecho el tema de los mejores poemas de Poe. En “El cuervo” tenemos a “una Lenore perdida”, personaje a quien está también dedicado el poema del mismo nombre (Poe pensaba que el sonido or era el más bello de la lengua inglesa). Otro famoso poema de Poe al amor perdido, “Annabel Lee”, termina trágicamente cuando el narrador se acuesta al lado de su “vida”, de su “amada”, “en el sepulcro al lado del mar, / en su tumba al lado del sonoro mar”.

Poe dedicó su ensayo más largo sobre el arte de la poesía, “The Rationale of Verse”, a una extremadamente complicada visión del ritmo y de la métrica. Pero la importancia del sonido en su obra no puede ser subestimada.

Maestro del ritmo, su minuciosa aproximación, sílaba a sílaba, al sonido del verso produjo uno de los poemas más inolvidables de la literatura estadounidense. Poe tenía un oído inigualable para la imitación sonora: “The Bells” (“Las campanas”) es un maratón onomatopéyico de tintineante cascabeleo y estruendosas campanadas de principio a fin.

A excepción de “El cuervo”, los poemas de Poe son en su mayoría piezas líricas cortas—meditaciones sobre la muerte y la belleza de las mujeres, o sobre la muerte de mujeres hermosas—, casi siempre de menos de una página de extensión. Poe creía que un poema debe poderse leer de una vez y rechazaba lo que consideraba la “manía” épica de contemporáneos como Longfellow, para quienes la Verdad y el didactismo moral eran más valiosos que la exaltación de la Belleza.

A pesar de toda la atención que dedicó a la poesía en sus ensayos críticos, el corpus poético de Poe es más bien escaso, quizás porque sus estándares eran tan altos. Una parte importante de sus poemas tienen una calidad técnica y una unidad superior; esos poemas siguen siendo populares dentro y fuera de las aulas, y tienen un lugar asegurado para siempre en la mente y el corazón de los lectores.

The Big Read
Get involved with the Big Read!
Learn More

printfooter-logos
© Arts Midwest