National Endowment for the Arts - The Big Read
Fahrenheit 451

Fahrenheit 451

by Ray Bradbury

You don’t have to burn books to destroy a culture. Just get people to stop reading them.


Ray Bradbury selling newspapers on the corner of Olympic and Norton, Los Angeles, c. 1938.

Ray Douglas Bradbury nació el 22 de agosto de 1920 en Waukegan, Illinois, en una familia que incluía a una mujer de Salem del siglo XVII a la que se juzgó por bruja. En 1934, la familia Bradbury atravesó el país en automóvil hasta Los Ángeles, con el pequeño Ray que en cada parada salía corriendo de su destartalado carro para saquear la biblioteca local en busca de los libros de Oz de L. Frank Baum.

En 1936, Bradbury pasó por el rito de iniciación que es tan familiar para la mayoría de los lectores de ciencia-ficción: el darse cuenta de que no estaba solo. En una tienda de libros usados de Hollywood descubrió un volante que anunciaba reuniones de la “Sociedad de ciencia-ficción de Los Ángeles”. Encantado, se unió a un grupo que se reunía todos los jueves por la noche y que terminaría atrayendo a leyendas de la ciencia- ficción como Robert A. Heinlein, Leigh Brackett y el futuro fundador de la Cienciología, L. Ron Hubbard.

Después de que la revista de ciencia-ficción popular Weird Tales rechazara su cuento corto “Homecoming”, lo envió a Mademoiselle. Allí, un joven asistente editorial llamado Truman Capote vio el manuscrito, lo rescató de la pila de escritos enviados por los lectores y ayudó a que lo publicaran en la revista. “Homecoming” obtuvo un lugar en la antología The O. Henry Prize Stories de 1947.

Pero el evento más significativo para Bradbury en 1947 fue, sin duda, su matrimonio con Marguerite McClure. Se habían conocido el abril anterior en la librería Fowler Brothers Bookstore en Los Ángeles, donde ella trabajaba y donde al principio lo calificó de ratero: “Una vez que me di cuenta de que no estaba robando libros, no hizo falta nada más. Me enamoré de él”.

En 1950, el segundo libro de Bradbury, The Martian Chronicles (Crónicas marcianas), tomó la forma de historias interconectadas sobre la colonización del planeta rojo. Como siempre en sus escritos, la tecnología tomó un segundo plano con respecto a las historias humanas.

Bradbury escribió Fahrenheit 451 con una máquina de escribir alquilada, en el sótano de la biblioteca Lawrence Clark Powell de UCLA, donde se refugiaba de una casa pequeña llena de las distracciones propias ocasionadas por dos niños pequeños. Stanley Kauffman, el editor de Ballantine y posteriormente crítico cinematográfico de la revista The New Republic durante mucho tiempo, voló a Los Ángeles para revisar el manuscrito con Bradbury, ofreciendo constantemente copiosas dosis de helado al perfeccionista escritor con una predilección por los dulces.

El libro recibió excelentes críticas. Hasta la fecha, vende al menos 50.000 copias por año y se ha convertido en un punto de referencia en todo el mundo para los lectores y escritores que viven bajo regímenes represivos.

Continuó escribiendo durante sus últimos años de vida, y también realizó apariciones en público que inspiraron a personas de todas las edades por todo el país. En muchas de esas populares apariciones exhortó a sus fans diciéndoles “¡Hagan lo que aman y amen lo que hacen!”. Eso es lo que él hizo hasta el momento de su muerte a los 91 años.

Una entrevista con Ray Bradbury

El 5 de enero de 2005, Dana Gioia, Presidente anterior del National Endowment for the Arts, entrevistó a Ray Bradbury en Los Ángeles. A continuación se incluye un fragmento de esa conversación.

Dana Gioia: ¿Cómo decidió escribir Fahrenheit 451?

Ray Bradbury: En 1950 nació nuestro primer bebé y en 1951 nuestro segundo, así que nuestra casa se estaba llenando de niños. Había mucho ruido, era maravilloso, pero no tenía dinero para alquilar una oficina. Caminando por la biblioteca de UCLA descubrí que había un cuarto para escribir a máquina donde se podía alquilar una máquina de escribir por diez centavos por media hora. Así que fui y junté una bolsa de monedas de diez centavos. La novela comenzó ese día y nueve días después estaba terminada. Pero, ¡Dios mío! ¡Qué lugar para escribir ese libro! Subía y bajaba las escaleras, sacaba libros de los estantes para buscar cualquier cita y volvía abajo corriendo para ponerla en la novela. El libro se escribió por sí solo en nueve días, porque la biblioteca me pidió que lo hiciera.

DG: ¿De dónde surgió la idea de la quema de libros en la novela?

RB: Pues, de Hitler, por supuesto. Cuando yo tenía quince años quemó los libros en las calles de Berlín. Tiempo después, me enteré de las bibliotecas que se incendiaron en Alejandría hace cinco mil años. Eso me apenó profundamente. Como soy autodidacta, eso quiere decir que mis educadores, las bibliotecas, corren peligro. Y si esto pudo ocurrir en Alejandría, si pudo pasar en Berlín, quizás podría ocurrir en algún lugar en el futuro y mis héroes morirían.

DG: Décadas después de Fahrenheit 451, ¿cree usted que predijo el mundo, en ese sentido, de manera bastante precisa?

RB: Dios mío. Nunca he creído en las predicciones. Eso es cosa de otros, de alguien como H. G. Wells con The Shape of Things to Come (La vida futura). Lo he dicho a menudo: no he intentado predecir, sino proteger y prevenir. Si puedo convencer a la gente de que deje de hacer lo que está haciendo y vaya a la biblioteca y sea razonable, sin pontificar y sin ser tímida, es suficiente. Puedo enseñar a la gente a darse cuenta realmente de que está viva.

DG: ¿Pensó usted desde el principio que este libro era sobre el crecimiento, sobre la transformación del personaje de Montag?

RB: Ni por un momento. No. Todo pasa simplemente porque tiene que pasar. La maravillosa ironía del libro es que a Montag lo educa una adolescente. Ella no sabe lo que hace. Es una boba romántica y deambula por el mundo. Sin embargo, está verdaderamente viva, ¿entiende? Eso es lo que resulta atractivo en ella. Y Montag se siente atraído por su bobería romántica.

DG: ¿Cuál cree usted que es el punto decisivo de esta novela, en términos de hacer que Montag inicie su nueva vida?

RB: Pues, cuando la Sra. Hudson está dispuesta a arder con sus libros. Ese es el punto decisivo; cuando todo termina y está dispuesta a morir con sus seres queridos, con sus perros, con sus gatos y con sus libros. Está dispuesta a sacrificar su vida. Prefiere morir que estar sin ellos.

DG: Si usted se uniera a la comunidad que aparece al final de Fahrenheit 451 y tuviera que aprenderse un libro de memoria, ¿qué libro sería?

RB: Sería A Christmas Carol (Canción de Navidad). Creo que ese libro ha influido en mi vida más que casi ningún otro porque es un libro sobre la vida, es un libro sobre la muerte. Es un libro sobre el triunfo.

DG: ¿Por qué la gente tiene que leer novelas?

RB: Porque estamos intentando resolver el misterio de nuestros amores, independientemente del tipo de amor que tengamos. Con bastante frecuencia se acaba y tienes que buscar un nuevo amor. Nos movemos de novela en novela.

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