National Endowment for the Arts - The Big Read
The Maltese Falcon

The Maltese Falcon

by Dashiell Hammett

I’m one of the few—if there are any more—people moderately literate who take the detective story seriously.


Es posible que más personas hayan asistido al nacimiento de Dashiell Hammett que a su funeral. Samuel Dashiell Hammett nació en el condado de St. Mary, Maryland, el 27 de mayo de 1894, en la granja familiar que, con un toque de poesía profética, se llamaba Hopewell and Aim (libremente traducible como “Ten esperanza y apunta”). Hammett era un adolescente solitario que solía trenzarse en peleas y un ávido lector que frecuentaba las bibliotecas. La frágil economía de la familia le obligó a abandonar la escuela a los catorce años para ir a trabajar.

En 1915 Hammett consiguió empleo en la sede de la agencia nacional de detectives Pinkerton en Baltimore. Durante los siguientes tres años se dedicó a archivar reportes de investigaciones; el estilo llano y sin adornos de estos informes influyó notoriamente en el estilo literario del novelista. En 1918, luego del ingreso de los Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial, Hammett se enlistó en el ejército. Asignado al campamento Mead, en Maryland, sirvió como conductor de ambulancias, pero debido a que padecía tuberculosis se le concedió la baja honrosa de la fuerza antes de haber intervenido en combate. Hammett retomó entonces su carrera en Pinkerton en el estado de Washington, pero una recaída de la enfermedad lo llevó nuevamente a un hospital militar.

Allí conoció a la enfermera Josephine “Jose” Dolan, de quien se enamoró. Hammett y Dolan se casaron en julio de 1921 y se radicaron en San Francisco, California. Cuatro meses después nació la primera hija del matrimonio. En octubre de 1922, después de un año de andar garabateando textos en la biblioteca pública de San Francisco, Hammett envió al famoso periodista H.L. Mencken, editor entonces de la revista The Smart Set, un cuento corto titulado “The Parthian Shot”. Mencken publicó el cuento, dando así inicio a la carrera literaria de Hammett.

Poco después de su debut en The Smart Set, Hammett comenzó a escribir cuentos breves para Black Mask, una de las más populares pulp magazines (revistas baratas de relatos policiales y de suspenso) de la época; el protagonista de esos cuentos es un detective sin nombre. Los cuentos independientes dieron paso a novelas serializadas, que más tarde serían publicadas en forma de libro bajo los títulos Red Harvest (Cosecha roja) (1929) y The Dain Curse (La maldición de los Dain) (1929). En 1930, Hammett publicó El halcón maltés y se mudó a Nueva York, donde escribiría The Glass Key (La llave de cristal) (1931) y The Thin Man (El hombre delgado) (1934), su última novela.

Hacia 1934, Hammett estaba aparentemente agotado como escritor. Cinco años antes se había separado de Jose y en 1939 había iniciado lo que sería un largo romance con la dramaturga Lillian Hellman, aunque siguió siendo un devoto padre a la distancia para sus hijas, residentes en el sur de California.

Cada vez más, Hammett concentró su energía en la política. Donó considerables sumas de dinero para ayudar a combatir el fascismo en España, fue co-editor de la revista Equality (Igualdad) y dio muchos discursos políticos. En 1942, durante la Segunda Guerra Mundial, con 48 años de edad y una salud quebrantada, volvió a enlistarse en el ejército. Destinado a Alaska, durante los tres años siguientes Hammett se desempeño como editor de The Adakian el periódico de su base.

Su servicio militar no le salvó de la histeria anticomunista de la década de 1950, cuando pasó seis meses en la cárcel por desacato al tribunal que lo investigaba por sus pasadas asociaciones de izquerda. El senador Joseph McCarthy consiguió incluso quitar 300 copias de los libros de Hammett de las bibliotecas del Departamento de Estado en todo el mundo, hasta que fueron repuestas por orden de un fan con grandes influencias: el presidente Dwight D. Eisenhower.

La persecución política no fue buena para la precaria salud y la mala situación económica de Hammett. El autor murió el 10 de enero de 1961 en un hospital de Nueva York. Tres días más tarde, Hellman, la hermana de Hammett y tres primos enterraron sus restos en el cementerio militar de Arlington, Virginia, aproximadamente a cuarenta millas de su suelo natal en Hopewell and Aim.


Hammett y el género policial

Las historias de detectives preceden a la invención del investigador privado en por lo menos 2500 años. ¿Qué es Edipo Rey, la historia de un rey de Tebas que busca al asesino de su padre, sino el relato de una investigación detectivesca? El crédito por la creación del detective moderno corresponde a Edgar Allan Poe (1809-1849), cuyo cuento “The Murders in the Rue Morgue” (Los crímenes de la calle Morgue) fue el primero en poner de relieve la figura del razonador solitario que analiza pistas y que supera en capacidad deductiva a que quienes le rodean. Pero el detective de ficción más popular sigue siendo sin duda Sherlock Holmes, el sabueso amateur creado por la pluma de Arthur Conan Doyle (1859-1930).

Primero en sus cuentos para Black Mask y después en sus novelas, Dashiell Hammett transplantó las sofisticadas historias británicas de detectives a los Estados Unidos y las impregnó con un realismo urbano que habría desconcertado a Conan Doyle o Agatha Christie. En las décadas de 1920 y 1930, Hammett escribió más de ochenta historias cortas y cinco novelas. Su estilo terso y el vívido argot de sus protagonistas creó un realismo audaz y callejero que resonó fuertemente en el público.

Ambientadas a menudo en ciudades grandes y corruptas, las historias de Hammett suelen presentar a un detective de espíritu independiente, un hombre de trabajo que rechaza la violenta sociedad a la que pertenece. Sus motivos últimos, bien se trate de una recompensa económica, la búsqueda de la verdad, o la defensa de su integridad, quedan a discreción del lector.

Como dijera el gran sucesor de Hammett, Raymond Chandler, en su genial y ameno ensayo “The Simple Art of Murder”, Dashiell Hammett “sacó el asesinato del jarrón veneciano y lo dejó caer en el callejón…devolvió el asesinato al tipo de gente que lo comete por una razón determinada, no simplemente para matar por matar; y que matan con lo que tienen más a mano, no con costosas pistolas de duelo, curare y peces tropicales”.

En una frase popularizada por el gran periodista Damon Runyon, los detectives de Hammett son “hardboiled”, es decir, son como un buen huevo cocido: no tienen nada de blando. La genialidad de Hammett fue haber concebido un estilo de narrar que encaja a la perfección con sus héroes masculinos. En mayor grado aún que sus herederos Chandler, James M. Cain y Ross Macdonald, Hammett jamás despilfarró un adjetivo. Al mismo tiempo, forjó un vocabulario altamente visual, eliminando progresivamente de la página todo lo que no fuera estrictamente necesario para su objetivo expresivo.

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