National Endowment for the Arts - The Big Read
To Kill a Mockingbird

To Kill a Mockingbird

by Harper Lee

Writing is a process of self-discipline you must learn before you can call yourself a writer. There are people who write, but I think they’re quite different from people who must write.


Matar un ruiseñor, la novela de Harper Lee, comienza por el final. Comienza con Jean Louise “Scout” Finch escribiendo ya adulta, “Cuando se acercaba a los trece años, mi hermano Jem sufrió una peligrosa fractura del brazo, a la altura del codo”. Para cuando finalmente, 250 páginas después, Jem se rompe el brazo, la mayoría de los lectores ya se han olvidado de que se lo anunciaron. Esto refleja cómo se desarrolla el libro entero: sin prisa especial, con la falta de dirección propia de la vida. Nada pasa de manera totalmente aislada. Los dos argumentos del libro avanzan lentamente a lo largo de dos caminos paralelos, convergiendo únicamente cerca del final.

La primera historia gira en torno a Arthur “Boo” Radley, que vive en una casa con las persianas cerradas en la calle de los Finch, y de quien se rumorea que es una especie de monstruo. Scout, Jem y Dill, su vecina de la casa de al lado, traman travesuras, intentando hacer salir a Boo de su casa. Inesperadamente, Boo responde a su interés con una serie de pequeños regalos, hasta que finalmente sale al porche y entra en sus vidas cuando más le necesitan.

La segunda historia trata del padre de Scout y Jem, el abogado Atticus Finch. El juez local le asigna la defensa de un hombre negro, Tom Robinson, a quien se acusa erróneamente de violar a una mujer blanca. Atticus sospecha que va a perder el caso, pero de todas maneras acepta el reto y, en un momento de la historia, se interpone heroicamente entre su cliente y un grupo de personas que quieren lincharlo.

Junto con las dos líneas argumentativas, Matar un ruiseñor presenta dos amplios temas: tolerancia y justicia. Lee trata el primero a través del miedo que los niños tienen de su misterioso vecino, e ilustra el segundo en el coraje de Atticus al defender a Robinson lo mejor que puede, a pesar de los prejuicios raciales de la pequeña ciudad sureña.

Un sencillo pero profundo consejo que Atticus le da a Scout enlaza las dos historias: “Uno no comprende de veras a una persona hasta que considera las cosas desde su punto de vista... hasta que se mete en el pellejo del otro y anda por ahí como si fuera el otro”. Eso es exactamente lo que ha hecho Scout al final de la novela: adivinar el dolor que existe no sólo debajo de la piel de Tom Robinson, sino también bajo la de su vecino.

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