National Endowment for the Arts - The Big Read
To Kill a Mockingbird

To Kill a Mockingbird

by Harper Lee

Writing is a process of self-discipline you must learn before you can call yourself a writer. There are people who write, but I think they’re quite different from people who must write.


Introducción a la novela

Matar un ruiseñor, la novela de Harper Lee, comienza por el final. Comienza con Jean Louise “Scout” Finch escribiendo ya adulta, “Cuando se acercaba a los trece años, mi hermano Jem sufrió una peligrosa fractura del brazo, a la altura del codo”. Para cuando finalmente, 250 páginas después, Jem se rompe el brazo, la mayoría de los lectores ya se han olvidado de que se lo anunciaron. Esto refleja cómo se desarrolla el libro entero: sin prisa especial, con la falta de dirección propia de la vida. Nada pasa de manera totalmente aislada. Los dos argumentos del libro avanzan lentamente a lo largo de dos caminos paralelos, convergiendo únicamente cerca del final.

La primera historia gira en torno a Arthur “Boo” Radley, que vive en una casa con las persianas cerradas en la calle de los Finch, y de quien se rumorea que es una especie de monstruo. Scout, Jem y Dill, su vecina de la casa de al lado, traman travesuras, intentando hacer salir a Boo de su casa. Inesperadamente, Boo responde a su interés con una serie de pequeños regalos, hasta que finalmente sale al porche y entra en sus vidas cuando más le necesitan.

La segunda historia trata del padre de Scout y Jem, el abogado Atticus Finch. El juez local le asigna la defensa de un hombre negro, Tom Robinson, a quien se acusa erróneamente de violar a una mujer blanca. Atticus sospecha que va a perder el caso, pero de todas maneras acepta el reto y, en un momento de la historia, se interpone heroicamente entre su cliente y un grupo de personas que quieren lincharlo.

Junto con las dos líneas argumentativas, Matar un ruiseñor presenta dos amplios temas: tolerancia y justicia. Lee trata el primero a través del miedo que los niños tienen de su misterioso vecino, e ilustra el segundo en el coraje de Atticus al defender a Robinson lo mejor que puede, a pesar de los prejuicios raciales de la pequeña ciudad sureña.

Un sencillo pero profundo consejo que Atticus le da a Scout enlaza las dos historias: “Uno no comprende de veras a una persona hasta que considera las cosas desde su punto de vista... hasta que se mete en el pellejo del otro y anda por ahí como si fuera el otro”. Eso es exactamente lo que ha hecho Scout al final de la novela: adivinar el dolor que existe no sólo debajo de la piel de Tom Robinson, sino también bajo la de su vecino.

Cómo se llegó a escribir la novela

Cualquier afirmación de que Matar un ruiseñor iba a ser un libro que cambiaría la historia no podría parecer más descabellada una noche de invierno de 1958, cuando Nelle Harper Lee se acurrucaba en su apartamento a las afueras de la ciudad de Nueva York intentando refinar su desordenado manuscrito de episodios tratando de darle una mejor cohesión que lo hiciera parecer más a una novela. Casi ahogándose entre múltiples borradores del mismo material, Lee de repente abrió una ventana y tiró cinco años de trabajo a la nieve sucia que se encontraba debajo de la ventana.

¿Intentaba realmente Lee destruir Matar un ruiseñor? Nunca lo sabremos. Afortunadamente, un instante después llamó a su editor. Tay Hohoff, el formidable editor de Lippincott, rápidamente le ordenó que saliera a recoger todas las hojas, rescatando así Matar un ruiseñor de otra pila de nieve derretida.

La novela tuvo sus orígenes en Monroeville, Alabama, la ciudad en la que creció Lee, la pequeña ciudad del sur en la que se basa la ficticia Maycomb. La defensa sin éxito que su padre hizo de un hombre de color y su hijo, acusados de asesinato, además de los juicios de los muchachos de Scottsboro y otro caso famoso de violación interracial, ayudaron a dar forma a la conciencia social de Lee y su sentido de una historia dramática.

Junto con ejercer derecho, el padre de Lee publicaba y editaba el periódico de la ciudad. Su apreciación por la palabra escrita impactó la sensibilidad de Lee tanto como su respeto por la ley. Lee bautizaría su visión idealizada de su padre como Titus Pomponious Atticus, un amigo del orador romano Cicerón, conocido, según Lee, como “un hombre sabio, culto y humano”.

Durante mucho tiempo, mientras trabajaba en su obra, Lee la llamó Atticus. Esto supuso una mejora con respecto a su primer título, Ponle un vigilante, pero una vez que se decidió por Matar un ruiseñor, no lo pensó más.

Lippincott finalmente publicó el libro el 11 de julio de 1960, momento para el cual, de manera sin precedentes, cuatro clubes nacionales de libros por correo ya habían seleccionado la novela para sus lectores. La primera línea de la crítica del periódico The Washington Post hacía eco de muchas notas similares que alababan la novela por su impacto moral: “Cien libras de sermones sobre la tolerancia, o una cantidad equivalente de invectiva deplorando la falta de la misma, tienen menos peso en la balanza de la instrucción que una meras 18 onzas de ficción nueva con el título de Matar un ruiseñor”.

Ochenta y ocho semanas después, la novela aún estaba en la lista de los libros más vendidos de tapa dura. Durante ese tiempo, ganó el premio Pulitzer de ficción y los corazones de los lectores estadounidenses. No podemos evitar preguntarnos cómo habría sido la historia literaria si Harper Lee hubiera arrojado su manuscrito por la ventana en una noche más ventosa.

"Escribir es un proceso de autodisciplina que uno debe aprender antes de poder llamarse escritor. Hay personas que escriben, pero creo que son bastante diferentes de las personas que deben escribir".
—Harper Lee, en una entrevista en 1964

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