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The Adventures of Tom Sawyer

The Adventures of Tom Sawyer

by Mark Twain

The difference between the almost right word & the right word is really a large matter—it’s the difference between the lightning bug and the lightning.


Twain y sus otras obras

Mark Twain comenzó escribiendo sólo para sí mismo, y terminó de esa manera también. Entre medio, probó casi todos los géneros, tuvo éxito en casi todos, y se puede decir que reinventó la ficción y la literatura de viajes estadounidenses.

Twain perfeccionó su estilo escribiendo para los periódicos, superficiales y arrogantes, alimentados por el auge del oro y la plata en el Oeste estadounidense. En algún lugar, en un baúl en Saratoga en Sierra Nevada, probablemente se encuentren tantas columnas de periódico escritas por Twain como las que ya se han encontrado. Hasta que aparezcan, sobreviven más que suficientes de sus primeros esbozos periodísticos para que un lector pueda observar cómo un chico precoz de río se va convirtiendo un poco más en Mark Twain con cada línea.

Siempre se sintió más cómodo con las formas literarias cortas que con las epopeyas. Sus primeros intentos de ficción fueron en la forma de cuentos cortos. Lo que terminó llamándose “The Celebrated Jumping Frog of Calaveras County” (La famosa rana saltarina del condado de Calaveras, 1865) le dio su fama, e, incluso hasta el final de su vida, Twain probablemente pensaba que los cuentos cortos eran más agradables que la novela.

Twain revolucionó los relatos sobre viajes con The Innocents Abroad (Los inocentes en el extranjero, 1869). El libro comenzó como cartas periodísticas, pero las trabajó, amplió y refinó extensamente después de su regreso de Oriente Medio.

El resultado se anticipa al denominado “nuevo periodismo” en su insistencia en que la experiencia del escritor no es menos importante que su itinerario.

Después del gran éxito de The Innocents Abroad (Los inocentes en el extranjero), Twain aplicó el mismo estilo a una estadía que ya había experimentado. Roughing It (Pasando fatigas, 1872) encapsula en forma despilante los años de Twain en el Oeste, y algunos de sus episodios son un verdadero rival para cualquier literatura de viajes por su descripción, personificación y absoluta hilaridad.

Algunos críticos consideran que The Prince and the Pauper (Príncipe y mendigo, 1881) y A Connecticut Yankee in King Arthur’s Court (Un yanqui en la corte del Rey Arturo, 1889) son garabatos, escritos más bien para sus hijas que para la posteridad. Pero el primero se encuentra entre sus pocas tramas duraderas y bien estructuradas, y el último termina con toda seguridad con el baño de sangre más inapropiado para niños de los anales de la literatura infantil.

Pudd’nhead Wilson (Cabezahueca Wilson, 1894) sigue siendo una curiosidad fascinante y la reflexión más directa de Twain sobre la esclavitud. La maquinaria de la trama tiende a ser ruidosa, pero simplemente la falta de consenso sobre su significado y valor lo convierte en una lectura irresistible. En él Twain reescribe la trama de los roles intercambiados de The Prince and the Pauper (Príncipe y mendigo), sólo que esta vez enfatiza la tensión social de la época.

Varios de los últimos ensayos de Twain nunca se publicaron durante su vida. Eran devastadores, tan misántropos que pocos los habrían reconocido como obra del abuelo de traje blanco adorado por todos. Sin embargo estas denuncias también son Mark Twain y, para los que las toleran, figuran entre su trabajo más sólido.

Twain en el cine, y demás

La perenne popularidad de Mark Twain y sus personajes asegura un flujo constante de sucesores a las ya más de cien adaptaciones de su obra, sin excluir las versiones de Tom Sawyer filmadas en Rusia, Japón y Rumanía. Ninguna de éstas puede calificarse de obras maestras, ni tampoco las múltiples películas de Adventures of Huckleberry Finn (Las aventuras de Huckleberry Finn), The Prince and the Pauper (Príncipe y mendigo) o A Connecticut Yankee in King Arthur’s Court (Un yanqui en la corte del Rey Arturo). Pero incluso las peores interpretaciones pueden provocar una conversación sobre cómo no traicionar en la pantalla un libro tan querido, y algunas tienen actuaciones encantadoras. También hay algunas que son realmente malas, fracasando la mayoría de ellas debido a los niños actores, seleccionados principalmente por su aspecto, que intentan pero no consiguen reproducir el dialecto anacrónico y argot del condado de Pike de Twain.

Los primeros años de la década de 1980 trajeron una avalancha de adaptaciones de Twain en el canal PBS por parte del guionista Philip H. Reisman, Jr. y el director Peter H. Hunt. Colaboraron en una encomiable Life on the Mississippi (Vida en el Mississipi, 1980) seguida del corto “The Private History of a Campaign That Failed”, ganador del premio Peabody, realizado para la serie American Short Stories del National Endowment for the Humanities. Por separado, Reisman escribió una versión de Pudd’nhead Wilson (Cabezahueca Wilson, 1984) que recibió buenas críticas, con Ken Howard de The White Shadow en el papel principal.

A su vez, Hunt dirigió una versión de “The Mysterious Stranger” (1982), algo llamado Sawyer and Finn (1983), y, una increíble y larga versión de Huck Finn en 1985 (elija entre las versiones de 108 y 203 minutos) con Samm-Art Williams y Jim Dale, la voz de la versión en audio del libro Harry Potter, como protagonistas.

La vida de Twain ha servido de inspiración para al menos tres biografías en cine: el impecable documental de Ken Burns para PBS, Mark Twain (2001); Las aventuras de Mark Twain (1944), con Fredric March llevando el traje blanco y la peluca despeinada; y la estupenda película de 1967 del monólogo de Hal Holbrook MarkTwain Tonight!

Para la versión teatral original Holbrook cariñosamente entrelazó historias y observaciones escogidas de los escritos y charlas de Twain. Después de representar varias versiones de este espectáculo durante décadas, finalmente terminó con horas de material de Twain memorizado entre las que elegir, sin dejar de dar bocanadas al ineludible cigarro puro de Twain como signo de puntuación.

En cualquiera de sus formatos, Mark Twain Tonight! sigue siendo posiblemente el mejor tributo a Twain, un hombre que siempre coqueteó con la fama como dramaturgo (y la ganó de nuevo en 2007 con la versión reconcebida por David Ives de Is He Dead?) pero se tuvo que conformar con ser una gran novelista.

Si le gustó Las aventuras de Tom Sawyer, puede que le gusten:

A Separate Peace (Una paz sólo nuestra, 1959) de John Knowles
To Kill a Mockingbird (Matar a un ruiseñor, 1960) de Harper Lee
Cold Sassy Tree (1984) de Olive Ann Burns
Rule of the Bone (1995) de Russell Banks
Jim the Boy (2000) de Tony Earley

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